En este retrato de familia las personas aparecen retratadas individualmente, para centrar la atención en esta expresión veraz con la que se les ha captado (sin máscara, sin posar, sin ser conscientes de la fotografía) para que tenga cabida esa experiencia de la mirada, de contemplar al otro en su desolada individualidad.

En la serie anterior, retrataba a un grupo de personas desconocidas, ligadas por su carácter anómico. En esta serie he dado un paso más, para representar a las personas con las que comparto mi vida e intimidad, captarlas

en su cotidianidad, en un momento que sería infraleve, desprovistas de máscara, facilitando así la coherencia

de una narrativa entre las obras y en la obra misma. Cómo, al pausar el tiempo la lectura de un momento cambia, de cómo estas personas que luchan y están cansadas -en su fragilidad humana- intentan descansar en el hogar aunque a veces sea allí donde

más se necesitan unos a otros.

 

Mi interés reside en la captación de escenas fugaces donde los fotografiados y la escena parecen resbalar, diluirse o perderse en mayor o menor medida debido a la aparición de elementos fotográficos en un principio ‘‘incorrectos’’.

El objetivo primordial -y común- de las imágenes y las obras es el de facilitar una ‘‘introyección’’, una rápida identificación de estos momentos que no se pueden repetir (sobre todo en el caso de las escenas con sujetos desenfocados, en los fotogramas movidos) y una sensación sinestésica, en el mejor caso de pequeño transporte.

El hecho de que prácticamente estuviera basando mi criterio de búsqueda y trabajo en las fotografías movidas -aparte del interés técnico y del carácter azaroso que pudiera otorgar esto- tenía que ver con la capacidad de la obra de mostrar un desarrollo progresivo del gesto, con la representación veraz (en la realidad el tiempo nunca se detiene) y a su vez, con la representación de esta memoria, de esta pérdida en el tiempo. El tiempo y la memoria nos borran y erosionan.

Mis pensamientos me han llevado a tener también un interés en la huella ‘‘borrada’’ por este caos de los instantes captados con la ayuda de la prótesis (la cámara) que se suceden sin descanso. Esa baba de caracol del desplazamiento, del movimiento.